A fondo
Ciudades universitarias británicas: entender el sistema de colleges
Oxford y Cambridge se visitan como si fueran monumentos, pero funcionan antes que nada como universidades en activo, y esa diferencia explica casi todo lo desconcertante de recorrerlas: por qué la capilla de un college abre y la del vecino no, por qué un patio accesible el mes pasado hoy está cerrado, por qué la época de exámenes cambia el calendario entero. Detrás de todo está el sistema de colleges, y conviene desmontar antes una equivalencia falsa: un college no es una facultad. No divide por materias ni depende de un rectorado que fije un horario común — es una institución autónoma, con su gobierno, sus edificios, su comedor y sus llaves.
Actualizado: 2026-08-26
El sistema de colleges: por qué nada funciona como un campus
Oxford y Cambridge son federaciones de decenas de colleges independientes en lugar de un campus unificado. Cada college posee sus propios edificios, fija sus propios horarios de visita y responde ante su propio gobierno, no ante una autoridad central que administre el acceso de manera uniforme. La estructura tiene siglos y es anterior a la idea moderna de campus, y de ahí sale la consecuencia práctica: visitar cualquiera de las dos ciudades significa comprobar horarios college por college, y no dar por hecha una política común.
Los periodos de exámenes agudizan la imprevisibilidad. Es habitual que los colleges restrinjan o cierren el acceso a visitantes durante esas semanas, precisamente porque los estudiantes viven y trabajan dentro de esos edificios, no solo estudian en ellos. Dedicar cinco minutos a comprobar el acceso de los colleges concretos antes de montar el día alrededor de ellos evita el viaje en balde: un cierre no es una anomalía, es el ritmo normal de una institución que está funcionando.
Oxford: la Bodleian, Christ Church y el perfil de la ciudad
La Biblioteca Bodleian, una de las más antiguas de Europa, sigue funcionando como colección de investigación en activo además de recibir visitas, y la Radcliffe Camera —su sala de lectura circular— se ha convertido en el edificio más fotografiado de la ciudad justamente porque no parece una biblioteca. Christ Church, uno de los colleges más grandes y más visitados, suma a una historia académica de primer orden una fama reciente como escenario: su comedor y su escalera se reconocen al instante en la imagen que el cine ha fijado de los grandes comedores institucionales.
El punting —la barca de fondo plano que se impulsa con pértiga desde la popa— es el rito de las dos ciudades y se disfruta bastante más como pasajero que como gondolero improvisado; en Oxford se practica en el Cherwell y en el tramo del Támesis que aquí llaman Isis. Las visitas guiadas por estudiantes o antiguos alumnos suelen ser la forma más eficiente de entender el funcionamiento interno del sistema, que desde fuera es casi imposible de reconstruir.
Cambridge: King's College Chapel y los Backs
Cambridge funciona con la misma lógica colegial, y su expresión más inmediata es la capilla del King's College: una bóveda de abanico gótica tardía levantada a lo largo de más de un siglo de obra, que sigue usándose para lo que se construyó —con un coro de renombre— y no como sala de exposiciones. Los Backs, la franja de céspedes y jardines por detrás de los colleges que dan al río Cam, ofrecen la estampa clásica de la arquitectura reflejada en el agua, y se ven bien tanto a pie desde los caminos públicos como desde el río.
El Trinity College guarda un detalle que merece la parada: el manzano de su entrada es un descendiente injertado del árbol asociado a las reflexiones de Isaac Newton sobre la gravedad, dentro de un college cuya lista de antiguos alumnos se lee como un repaso a la historia científica e intelectual británica de varios siglos.
St Andrews y Durham: la misma lógica, a otra escala
St Andrews, en la costa este de Escocia, aplica una versión más pequeña de la misma estructura colegial y añade su propia identidad: es la cuna del golf, y el Old Course sigue siendo un campo en uso y no una pieza de museo, pegado a los edificios universitarios de varios siglos. La visibilidad que le dio ser el lugar donde se conocieron, siendo estudiantes, un futuro rey y su futura reina no ha cambiado lo esencial: es un pueblo universitario tranquilo y caminable, con mucha menos gente que Oxford o Cambridge.
Durham, en el norte de Inglaterra, combina su propia universidad colegial con una catedral y un castillo normandos sobre una península que forma un meandro cerrado del río Wear. El conjunto es Patrimonio de la Humanidad, el centro es compacto y con cuestas, y media jornada basta para recorrerlo: arquitectura románica de primer nivel y ambiente universitario real, con una fracción de los visitantes que reciben las dos ciudades del sur.
Elegir una, y cuándo ir
Oxford y Cambridge están a poco más de una hora de tren desde Londres, cada una por su lado, y se hacen bien en excursión de un día. Hacer las dos en un viaje corto es repetir la experiencia con distinto acento: la recomendación honesta es elegir una y dedicarle el día entero, con la otra reservada para otro viaje. Quien vaya con interés real por el sistema —y no solo por la foto— saca más de una sola ciudad recorrida despacio que de dos vistas por encima.
Sobre el calendario: fuera de las semanas de exámenes hay más colleges abiertos, y el verano tiene más acceso pero también más cola. Las dos ciudades funcionan además como su propio refugio si el día se estropea, que en este país no es un detalle menor: mercados cubiertos, museos y bibliotecas dan una alternativa bajo techo sin salir del centro.