Itinerario
Tailandia en dos semanas: la ruta clásica bien hecha
Dos semanas es la duración natural de un viaje a Tailandia: da para la capital, el norte y un capítulo de costa sin convertir las vacaciones en un ejercicio de logística. La ruta que sigue es la clásica por un motivo — avanza en una sola dirección, usa noches sobre raíles para comprar días enteros y deja la decisión de costa en manos del calendario y no del folleto. Y trae una corrección de origen para quien vuela desde España o desde América Latina: con doce a catorce horas y una escala desde Madrid o Barcelona, y con más de veinticuatro y dos escalas desde buena parte de América, el primer día es día de llegada de verdad y el último pide margen. Las cifras de días son un ritmo, no un horario; lo que conviene conservar es el orden.
Actualizado: 2026-08-23
Días 1-3 · Bangkok: llegar, ajustar el reloj, absorber
Se aterriza en Bangkok y se resiste la tentación de esprintar. El primer día es para llegar y dar un primer paseo al atardecer, a ser posible junto al río, donde los barcos exprés hacen la mejor introducción gratuita a la ciudad. El segundo toma el núcleo histórico: el Gran Palacio y Wat Phra Kaew temprano, antes del calor y de las colas, Wat Pho y su Buda reclinado al otro lado de la calle, y el cruce del río hacia Wat Arun con la luz de la tarde. El tercero pertenece al otro registro de la ciudad: un mercado por la mañana, el BTS hacia un patio de comidas o una azotea al anochecer, y Yaowarat, el barrio chino, cuando las cocinas de calle toman la acera.
Aquí el desfase horario juega a favor y conviene aprovecharlo en lugar de pelearlo: viniendo de España o de América Latina se despierta de madrugada durante los primeros días, que es exactamente cuando los templos abren y la ciudad todavía respira. Bangkok premia la paciencia más que la cobertura; tres días no son relleno, son la aclimatación al calor, al ritmo y a la comida que hace más fácil todo lo que viene después.
Días 4-7 · Al norte, con el tren nocturno haciendo el trabajo de un día
El coche cama nocturno de Bangkok a Chiang Mai es la jugada característica de esta ruta: se embarca al anochecer, se despierta entre las montañas del norte y se llega sin haber gastado una sola hora de luz en el trayecto. Las literas se agotan con antelación en los meses fuertes, así que esta es la reserva que sí conviene hacer pronto. El avión ahorra horas, pero cuesta la experiencia — y una noche de hotel —, de modo que el tren gana salvo que el calendario venga muy apretado.
La ciudad vieja de Chiang Mai se merece dos jornadas completas: los templos del recinto amurallado a pie, con Wat Phra Singh y Wat Chedi Luang como mínimo, la subida de peregrinación a Doi Suthep y una noche de mercados. El tercer día es el día de elegir: un curso de cocina que empieza en el mercado, un santuario de elefantes verificado con criterios actuales, o un bucle hacia el país del café de altura que se ha convertido, discretamente, en una de las mejores razones para quedarse en el norte.
Día 8 · El giro: la costa la elige el mes, no la postal
Esta es la única decisión de verdad de la ruta. Las dos costas isleñas de Tailandia funcionan con monzones aproximadamente opuestos — cuando el Andamán está en su punto más húmedo, el Golfo suele estar en su mejor momento, y al revés —, así que el vuelo del octavo día hacia el sur debe seguir a la temporada. La lógica completa, isla por isla, está en la guía de costas de este mismo silo; la versión corta es que las fechas eligen la costa, y quien elige antes la isla es quien se encuentra la lluvia.
Mecánicamente el giro es sencillo en cualquiera de los dos casos: un vuelo de bajo coste desde Chiang Mai alcanza las puertas del sur — Phuket o Krabi para el Andamán, Surat Thani o Samui para el Golfo — en una tarde, normalmente con una conexión corta en Bangkok. Se compra el tramo una vez decidida la costa y se aterriza con luz de sobra para la primera barca o el primer traslado.
Días 9-13 · El capítulo de costa: una base y un radio de excursiones
Cinco días de isla rinden más que tres islas en cinco días. Se elige una base y se deja que las barcas hagan la exploración: en el lado del Andamán eso puede significar Krabi o Koh Lanta con salidas a las bahías kársticas y a las Phi Phi; en el del Golfo, Koh Samui o Koh Phangan con el circuito de ferris a mano y los arrecifes de Koh Tao a un día de distancia para quien hace esnórquel o se inicia en el buceo.
El oficio de este capítulo es restar. Un cambio de isla a media estancia está bien; dos convierten las vacaciones en una mudanza. Y el último día de costa se deja ligero — baño por la mañana, comida sin prisa, maletas hechas al anochecer — porque las barcas y las conexiones que alimentan dependen del tiempo, y ese colchón es el que salva el vuelo de vuelta.
Día 14 · Salida por Bangkok, y qué recortar si hay menos tiempo
Se vuela de vuelta a Bangkok con margen: encadenar el mismo día una barca de isla con un vuelo intercontinental es el punto clásico de fallo de esta ruta, así que una salida por la tarde-noche — o mejor, una última noche en la capital — mantiene el final tranquilo. Para quien vuelve a España o a América Latina con dos escalas por delante, esa noche extra no es un lujo: es lo que separa una vuelta descansada de veintiocho horas seguidas de aeropuertos. Si el horario deja media jornada en la ciudad, se dedica a lo que se quedó fuera la primera vez; Bangkok se lee distinta cuando el resto del país ya ha recalibrado el paso.
¿Comprimir a diez días? Se recortan días de playa antes que días de ciudad: un capítulo de costa más corto sobrevive; un Bangkok y un norte atropellados, no. ¿Estirar a tres semanas? Se añade Ayutthaya o Sukhothai entre la capital y el norte para la capa de las viejas capitales, o una segunda base en la misma costa. El esqueleto — capital, norte, costa, una sola dirección y el tren nocturno en medio — aguanta en cualquiera de las duraciones que Tailandia suele recibir.