Salud y seguridad

Salud y seguridad en Japón: lo que de verdad importa

Japón es uno de los países más seguros del mundo para un visitante, y esa respuesta corta es cierta pero poco útil: precisamente porque el delito es bajísimo, lo que conviene preparar es otra cosa. Un archipiélago sísmico con temporada de tifones pide saber qué hacer, no cuántos terremotos hubo el año pasado. Una ley de importación de medicamentos más estricta de lo que casi nadie espera puede dejar en la aduana algo que en casa se compra sin receta. Y un puñado corto de normas de conducta —y dos patrones de timo en zonas de ocio nocturno— cubren prácticamente todo lo demás.

Actualizado: 2026-08-23

Terremotos: qué se hace, no cuántos hay

Japón está sobre una de las zonas sísmicas más activas del planeta y los temblores pequeños son parte de la vida corriente; los edificios modernos están construidos para ello y las alertas llegan al móvil segundos antes del movimiento fuerte. Esos avisos también llegan en inglés: la aplicación oficial para visitantes, «Safety Tips», da alertas de terremoto y de tifón, y conviene instalarla antes de salir de casa, mientras se tiene conexión propia y tiempo para configurarla con calma. Lo útil es la acción, y es sencilla: si tiembla, agáchate, cúbrete bajo una mesa firme y agárrate hasta que pare; aléjate de ventanas y de muebles altos; no salgas corriendo a la calle durante el movimiento, porque lo que cae es la fachada. Cuando pare, comprueba las salidas y sigue las indicaciones del personal del alojamiento.

Dos costumbres que valen más que cualquier estadística: al llegar a un hotel o a un ryokan, mirar dónde está la salida de emergencia de la planta y qué dice el plano de evacuación —los alojamientos japoneses lo tienen siempre en la puerta—, y saber que la señalización de evacuación en calles y estaciones apunta a puntos de reunión concretos. En zona costera, las señales de ruta de evacuación por tsunami indican hacia dónde subir; seguirlas sin esperar confirmación es exactamente lo que se espera de cualquiera.

Tifones, calor y la temporada que conviene mirar

La temporada de tifones va aproximadamente de agosto a octubre y afecta sobre todo al sur y al Pacífico, aunque sus restos llegan bastante más al norte. No suele ser un peligro para el visitante que está en una ciudad —los edificios y los servicios están preparados— pero sí es un problema de itinerario: los trenes rápidos y los vuelos se suspenden con antelación y de forma preventiva, y un día de colchón en el calendario convierte esa suspensión en una molestia en lugar de en una noche perdida en un aeropuerto.

El verano japonés, por su parte, es más duro de lo que la gente espera: húmedo, pegajoso y con noches que no refrescan, sobre todo en las ciudades. Hidratarse, buscar sombra y aprovechar que casi todo interior está climatizado no es exageración, y la temporada de lluvias de principios de verano añade semanas de humedad constante. Primavera y otoño son, por clima, las mejores ventanas del país, que es también por lo que se llenan.

Medicamentos: la ley que sorprende

Japón regula la entrada de medicamentos con más rigor de lo que casi cualquier visitante espera, y esto afecta de lleno al botiquín típico de un viajero hispanohablante: algunos antigripales y descongestionantes de venta libre en España y en buena parte de América Latina contienen sustancias estimulantes que en Japón están restringidas o directamente prohibidas, y lo mismo ocurre con ciertos tratamientos habituales para el déficit de atención. No es una cuestión de cantidad: es que la sustancia no puede entrar.

Lo práctico, sin entrar en nombres ni en dosis: revisar los principios activos de lo que se piensa llevar antes de hacer la maleta, contrastarlo con la lista oficial vigente de sustancias restringidas, y para tratamientos personales de larga duración averiguar con antelación si hace falta el permiso de importación que el propio sistema japonés prevé para eso. Llevar la medicación en su envase original y con la receta o un informe médico es lo que resuelve cualquier duda en frontera. Y para lo menor —analgésicos, tiritas, antiácidos— las farmacias japonesas surten sin problema una vez allí.

Conducta: lo que sí importa

La lista de normas de conducta japonesas que circula por internet es larga y en buena parte irrelevante para un visitante; unas pocas sí importan y son fáciles. Descalzarse donde toca —casas particulares, ryokan, algunos templos y restaurantes con tarima— y usar las zapatillas que te ofrecen, incluidas las específicas del baño. Silencio en el transporte: no se habla por teléfono en trenes ni en autobuses, y las conversaciones van en voz baja. No se come ni se bebe caminando por la calle en la mayoría de contextos urbanos, y las papeleras escasean, así que la basura viaja contigo hasta encontrar una.

Con los palillos, dos reglas que no son superstición turística sino cortesía real: no se clavan verticales en el arroz ni se pasa comida de palillo a palillo, porque ambas cosas remiten a ritos funerarios. Y en templos y santuarios, seguir lo que hace la gente —purificarse en la fuente de la entrada, no fotografiar donde esté indicado— cubre todo lo demás sin necesidad de memorizar nada.

Los dos timos que existen, y los teléfonos

En un país donde el descuido no suele costar caro, el patrón que sí conviene reconocer está en las zonas de ocio nocturno de las ciudades grandes: alguien capta clientes en la calle y los lleva a un local donde la cuenta acaba siendo desproporcionada, a veces con presión para pagarla. La defensa es una regla simple y absoluta: no entrar nunca en un local al que te haya llevado alguien que te ha abordado por la calle. Los locales legítimos no captan así. El segundo patrón, mucho menos grave, es el del bar que no anuncia con claridad su cargo de mesa o su tarifa por hora; preguntar antes de sentarse lo resuelve.

Los números de emergencia son el 110 para policía y el 119 para bomberos y ambulancia, y funcionan en todo el país. La atención en español es improbable y en inglés no está garantizada fuera de las grandes ciudades, así que la recepción del alojamiento suele ser la vía más rápida en una urgencia que no sea inmediata. Un seguro de viaje con cobertura médica sigue siendo recomendable pese a la calidad del sistema sanitario japonés: la atención al extranjero se paga, y en un viaje largo esa es exactamente la partida que no conviene recortar.

Preguntas frecuentes

Agacharte, cubrirte bajo una mesa firme y agarrarte hasta que pare, lejos de ventanas y muebles altos; no salir corriendo a la calle durante el movimiento. Cuando pare, comprobar las salidas y seguir al personal del alojamiento. Y dos costumbres que valen mucho: mirar el plano de evacuación de la puerta al llegar al hotel, y en la costa seguir las señales de ruta de evacuación por tsunami sin esperar confirmación.

Conviene comprobarlo antes, porque Japón restringe sustancias que en España y en América Latina se venden sin receta: algunos antigripales y descongestionantes y ciertos tratamientos para el déficit de atención entran en esa categoría. Revisa los principios activos contra la lista oficial vigente, viaja con los envases originales y la receta, y para tratamientos largos infórmate del permiso de importación que el propio sistema japonés contempla.

Aproximadamente de agosto a octubre, sobre todo en el sur y en la vertiente del Pacífico. Rara vez es un peligro para quien está en una ciudad, pero sí altera itinerarios: trenes rápidos y vuelos se suspenden de forma preventiva y con antelación. Un día de colchón en el calendario convierte eso en una molestia en lugar de en una noche perdida.

Forma parte de Guía de Japón.

La información procede de la base de datos de misiones de Visaja (visaja.com), contrastada con fuentes gubernamentales oficiales; para respuestas vinculantes, la última palabra la tiene siempre la propia representación.